· 6 min de lectura

Riego del jardín en verano

El riego parece sencillo: coges la manguera y riegas. Pero los errores en el riego estival provocan enfermedades fúngicas, frutos agrietados o desperdicio de agua. Aquí te explicamos cómo hacerlo bien.

El riego parece sencillo: coges la manguera y riegas. Pero las técnicas de riego estival esconden muchos errores frecuentes que llevan a enfermedades fúngicas, frutos agrietados o un consumo innecesario de agua. Dominar el riego es fundamental para tener un jardín exitoso en verano.

Cuándo regar

El momento ideal para regar en verano es temprano por la mañana, preferiblemente entre las 5 y las 8 h. El suelo está fresco después de la noche, el agua no se evapora y las plantas tienen todo el día para absorber la humedad. Si la mañana no es posible, riega al final de la tarde después de las 18 h.

Nunca riegues en pleno calor del mediodía. El agua se evapora al instante en la superficie y apenas llega a las raíces. Además, las gotas de agua sobre las hojas pueden actuar como lupas bajo un sol intenso y provocar quemaduras foliares.

Cuánta agua

El principio básico: menos veces pero en abundancia. Un riego superficial ligero solo moja los primeros centímetros del suelo y las raíces crecen hacia la superficie en busca de humedad, en lugar de profundizar. Un riego completo —donde el agua penetra 15–20 cm— favorece un enraizamiento profundo y hace las plantas más resistentes a la sequía.

Una referencia para las hortalizas: 20–30 litros por metro cuadrado en cada riego. Con calor moderado, riega cada dos días; con calor extremo, a diario. Las verduras de hoja (lechuga, espinaca) necesitan riegos más frecuentes; las verduras de raíz (zanahoria, perejil) requieren menos.

Cómo regar

En la base, no sobre las hojas

Riega siempre en la base de la planta, a nivel de las raíces. Las hojas mojadas son un caldo de cultivo para enfermedades fúngicas: el mildiu en los tomates, el oídio en los pepinos. Si usas una lanza de riego, regúlala para que el agua caiga sobre el suelo y no sobre el follaje.

El acolchado

El acolchado es el mejor aliado del jardinero en verano. Una capa de 5–10 cm de paja, hierba cortada, corteza o compost alrededor de las plantas reduce la evaporación entre un 50 y un 70 %. El acolchado también elimina las malas hierbas y, al descomponerse, aporta nutrientes. Aplica siempre el acolchado tras un riego completo para retener la humedad bajo la capa.

El riego por goteo

Invertir en riego por goteo merece la pena. Coloca mangueras porosas o líneas de goteo a lo largo de las filas y conéctalas a un grifo con temporizador. El agua llega directamente a las raíces, la evaporación es mínima y puedes regar de forma regular incluso durante las vacaciones. La inversión suele recuperarse en una sola temporada gracias al ahorro de agua y a las mejores cosechas.

Necesidades específicas por cultivo

Tomates

Riega de forma regular y uniforme. La alternancia de sequía y exceso de agua provoca el agrietamiento de los frutos y la podredumbre apical. Lo ideal es regar cada dos días, a diario con calor intenso. Siempre en la base. En la fase de maduración, reduce ligeramente el riego: los frutos tendrán más sabor.

Pepinos y calabacines

Las cucurbitáceas tienen hojas grandes y una transpiración elevada. Se encuentran entre las hortalizas que más agua necesitan. Riega a diario en verano; con calor extremo, incluso dos veces al día. La falta de agua hace que los pepinos amarguen. Los calabacines también necesitan un aporte regular para una producción continua.

Lechuga y verduras de hoja

Riego regular y moderado. La lechuga tiene raíces superficiales y se espiga rápidamente sin suficiente humedad. Con calor, considera protegerla con una malla de sombra o cultivarla en semisombra.

Zanahorias y verduras de raíz

Tras la germinación, mantén una humedad regular; después, riega con menos frecuencia. El exceso de agua agrieta y pudre las raíces. Las zanahorias son relativamente tolerantes a la sequía una vez bien establecidas.

Árboles frutales

Los árboles adultos generalmente no necesitan riego gracias a sus sistemas radicales profundos. Los árboles jóvenes (de menos de 3 años) y los que sufren períodos de sequía necesitan un riego semanal de 30–50 litros. Vierte el agua en una cazoleta poco profunda alrededor del tronco, no directamente sobre él.

Ahorrar agua

El agua de lluvia es ideal para el jardín: es blanda, está a la temperatura adecuada y es gratuita. Invertir en un depósito de agua de 500–1000 litros se amortiza en una sola temporada. Colócalo bajo un bajante y conéctale una manguera o una bomba.

Un buen riego estival es una habilidad que se adquiere con la práctica. Observa tus plantas: ellas te dirán cuándo tienen sed. El marchitamiento de las hojas en pleno calor de la tarde es normal; si las hojas no se han recuperado a la mañana siguiente, es la señal para regar.

Para saber más, consulta también nuestro artículo sobre cómo regar correctamente el jardín y sobre el riego durante las olas de calor.

Planifica tus riegos y nunca más pierdas el momento oportuno.

Crear un diario de jardín gratuito →